Abrir la puerta. Un gesto que cambia por completo la percepción que se tiene desde la calle de esta vivienda en Alcàsser. Al pasar el umbral, la prolongación del mismo pavimento de la calle hacia el interior de la parcela parece dar la bienvenida. La continuidad de los adoquines de hormigón ensanchan la acera y difuminan el límite entre el espacio público y el privado. En contraste con lo urbano, el jardín de verano se viste de madera como primera estancia de la casa. Un espacio fresco y agradable. La casa, desde fuera y cerrada, un bunker. Abierta y una vez dentro, un oasis.
En planta baja, salón, comedor y cocina invaden y colonizan toda la superficie. El programa de día sube y trepa por la escalera hasta convertir este elemento de paso, en una estancia más. Un descansillo sobredimensionado adquiere un papel clave en la configuración del volumen interior y el juego de visuales. Comprime el espacio de descanso de la zona de estar creando una atmósfera más íntima y lo descomprime en el acto de subir y bajar con una suerte de triple altura.




