Abrir la puerta. Un gesto que cambia por completo la percepción que se tiene desde la calle de esta vivienda en Alcàsser. Al pasar el umbral, la prolongación del mismo pavimento de la calle hacia el interior de la parcela parece dar la bienvenida. La continuidad de los adoquines de hormigón ensanchan la acera y difuminan el límite entre el espacio público y el privado. En contraste con lo urbano, el jardín de verano se viste de madera como primera estancia de la casa. Un espacio fresco y agradable. La casa, desde fuera y cerrada, un bunker. Abierta y una vez dentro, un oasis.

En planta baja, salón, comedor y cocina invaden y colonizan toda la superficie. El programa de día sube y trepa por la escalera hasta convertir este elemento de paso, en una estancia más. Un descansillo sobredimensionado adquiere un papel clave en la configuración del volumen interior y el juego de visuales. Comprime el espacio de descanso de la zona de estar creando una atmósfera más íntima y lo descomprime en el acto de subir y bajar con una suerte de triple altura.

En planta primera, el paquete de noche se orienta a sur y reduce a lo imprescindible sus dimensiones para dejar todo el protagonismo de la vivienda al espacio compartido y al jardín.

El estudio sobre el diseño climático y pasivo de la fachada sur ha ocupado hasta hace bien poco, un lugar muy importante. Tanto en la fase de proyecto, como durante el habitar de esta vivienda. Tras contemplar varios sistemas, será un sistema de cables de alambres de acero roscado el que servirá de soporte a una vegetación enredada. El binomio de técnica y naturaleza ensombrecerá y aclimatará este frente en las estaciones más cálidas.

Materiales crudos y sencillos como la madera, el acero y el hormigón minimizan la presencia de la vivienda y simplifican su apariencia ante un asalvajado y libre jardín que configura el fondo de perspectiva de las estancias interiores.