La vivienda se organiza a partir de una secuencia de espacios exteriores que estructuran la relación entre arquitectura, clima y vida doméstica. Un patio delantero y un patio posterior delimitan la construcción y actúan como elementos fundamentales para la captación de luz natural, la ventilación y la articulación de los distintos ámbitos de la vivienda.
La planta baja concentra las áreas de uso común en una disposición abierta y continua que favorece la relación entre las distintas estancias. La organización espacial busca establecer una conexión directa con el patio posterior, permitiendo que la luz natural penetre en profundidad y que la ventilación cruzada atraviese toda la vivienda. Los espacios interiores se entienden así como una prolongación de los ámbitos exteriores, generando una transición gradual entre el interior y el jardín.