Nuestra propuesta

¿Cómo imaginar la casa ideal viviendo en un pequeño piso durante el confinamiento? Esta es la pregunta desde la que surge el planteamiento de este proyecto, donde las primeras respuestas aparecen entre dibujos en una libreta, conversaciones interminables y mucho tiempo disponible para pensar.

La ilusión del confinado no es tanto vivir en una casa más grande, sino en una más abierta, una casa patio; en la que poder salir al exterior dentro del mismo hogar, tomar el sol en la intimidad, darte un baño en una pequeña piscina o cuidar y ver crecer tu pequeño jardín doméstico. Tampoco es vivir en una casa con más habitaciones, sino más bien con espacios amplios y abiertos, y con una estructura flexible que permita cambios a lo largo del día y también a lo largo de las distintas etapas de la vida.

De este modo, con una vivienda de un siglo de antigüedad como punto de partida, las intuiciones, más que como trazos en un lienzo en blanco, comienzan borrando líneas. Eliminando espacios impropios, producto de sucesivas ampliaciones a lo largo del tiempo, conseguimos esponjar la vivienda ampliando y dando protagonismo al elemento principal. La ilusión de una casa patio no puede quedarse en una intención, es la estrategia fundamental del proyecto. Así, los espacios principales se disponen en ele alrededor del patio, y se lleva a cabo un esfuerzo consciente por diluir el límite entre el interior y el exterior. El patio se cuela dentro de la vivienda: como luz reflejada en la medianera del fondo de la parcela hacia el estudio, como reflejo del agua de la piscina sobre el techo de la cocina, o en forma de jardinera invadiendo el salón.

Pensar en una casa antes siquiera de empezar la obra, de alguna manera, es empezar a habitarla. Esa cercanía con lo proyectado, desde la experiencia del encierro, probablemente permite decisiones como la demolición de un forjado para crear un salón a doble altura. Como contrapunto, la línea que traza el trasdosado, el hueco de la ventana y el ritmo de su despiece, suavizan la percepción del volumen conformando una escala humana y doméstica.

El otro argumento principal del discurso del proyecto, es el diálogo entre los materiales, y las formas de hacer, entre lo existente y lo nuevo. Por un lado, gracias a una sensibilidad compartida, se busca poner en valor la construcción tradicional. Así, afloran los ladrillos originales de los muros y pilares en tonos ocre y salmón tras retirar capas superpuestas de enlucidos; los azulejos hidráulicos cuidadosamente rescatados, inventariados y conservados se reconfiguran a modo de collage en el pavimento de la vivienda, y las centenarias puertas de madera, restauradas, y dispuestas en la nueva distribución, han podido soportar una vez más la arremetida de las aguas. Por otro lado, este acercamiento romántico de respeto por lo preexistente no impide la incorporación de elementos contemporáneos. El pavimento de hormigón, neutro y continuo, enfatiza las alfombras de azulejos hidráulicos, y la estructura metálica abraza pilares, vigas y el forjado de planta primera, delimitando la doble altura. Esta estructura, termina apoyándose en unos pilares esbeltos que entorno a sí sostienen una escalera cuidadosamente diseñada como elemento escultórico que organiza la vivienda. De igual manera, en planta primera, los nuevos tabiques no llegan a tocar la cubierta original, con todo, diera la sensación de construir una casa dentro de otra casa.

Al final del proceso, las fotografías tomadas por David dan la sensación de ser demasiado perfectas, dejan una sensación agridulce, como si no contaran todo el proceso, con momentos plenos y también de duda. Pero el fotógrafo lo tiene claro: “Está todo”. Y puede que tenga razón. En el patio, las mismas piezas de termoarcilla del muro, dadas la vuelta, conforman las celosías que tamizan la luz hacia la cocina, como si se tratase de un juego. Y a la vez, las medianeras del patio, dejan al descubierto las cicatrices de las antiguas edificaciones, esas huellas que decidimos no tapar. La actitud general es la de acometer la rehabilitación de forma sincera, sin esconder la memoria, poniéndola en valor, añadiendo nuevas capas y dejando la posibilidad abierta de que vengan otras nuevas en el futuro. Por eso las imágenes son dialécticas y retienen el pasado y el proceso.

El resultado es una casa diseñada como si fuera la propia y un proyecto afrontado como si fuera el primero.

Tipo de trabajo: Rehabilitación
Arquitectura:
Negrosobreazul & Luismi Ramada
Cocina: Arrital
Suelo cerámico: Maora Ceramic
Carpintería: Carpintería Andueza
Superficie: 200 m²
Localización: Xirivella, Valencia
Fecha: 2025
Fotografía: David Zarzoso